Superar la ansiedad
16
sep
2016
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Mitos sobre la ansiedad

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“Estoy ansioso, cuando me echo a dormir no puedo parar de darle vueltas a las cosas, el corazón me va a mil, parece que me quedo sin aire y voy a sufrir un paro cardíaco…”.

No pocas veces nos ocurren situaciones vitales que nos sacan de nuestra zona de confort y ponen en jaque nuestros recursos propios. Es habitual pensar que uno, con la edad, lo tiene todo controlado y que la experiencia de pasar por multitud de situaciones es un antídoto ante el sufrimiento y la ansiedad. Sin embargo, es normal sentirse ansioso ante situaciones nuevas, inciertas o que sacan a la luz inseguridades propias.

La ansiedad, por sus síntomas incapacitantes, suele ser la mala de la película e ir cargada de prejuicios y tabús no siempre ciertos como:

• La ansiedad es el enemigo a combatir.

Sí y no.

Como todo sentimiento doloroso, inquietante e inexplicable, nuestra primera reacción natural es desear sacárnoslo de encima y expulsarlo. Pero muy lejos de lo que pensamos, la ansiedad es una señal de alarma muy útil que nos informa que algo no está funcionando, que están ocurriendo cosas (a veces no tanto en nuestro mundo externo, sino en el interno) que quiebran nuestro equilibrio. Es el reflejo de un conflicto interno pendiente de resolución.

• ¡ Seguro que puedo controlar la ansiedad con mis pensamientos!

Otra convicción que escucho en forma de deseo en mi consulta es “seguro que existe una manera de poder controlar la ansiedad con el pensamiento”. Como si hubiese una frase mágica, un truco mental (como desviar la atención o dejar la mente en blanco) o un talismán que a modo de tirita, nos pueda evitar dicho malestar. Desafortunadamente, el control racional no siempre es capaz de combatir los conflictos de base emocional.

 

En estos casos, la mejor manera de combatir la ansiedad y prevenir futuros episodios, es encontrar su origen para así entenderlo, hacer frente a la fuente de conflicto y darle una mejor salida (aceptar lo que ocurre, tomar alguna acción concreta, etc.). Sólo afrontando el conflicto, conseguiremos eliminar la ansiedad asociada.

 

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