La precariedad laboral en los jóvenes universitarios

La dificultad de encontrar trabajo a pesar de muchos años de estudios universitarios y la precariedad laboral en los jóvenes es una realidad cada vez más difícil de combatir. Es más, la frustación prolongada derivada de no encontrar un trabajo digno puede desembocar en ansiedad, estrés y depresión (en los estudiantes) y desesperanza en sus padres.

En esta corta intervención en el programa de televisión «Está Pasando» de EITB encontraréis:

  • Algunos consejos útiles para hacer frente a esta realidad.
  • Qué valoran los técnicos de selección de Recursos Humanos en un perfil con estudios pero sin experiencia laboral.
  • Consejos sobre cómo pueden los padres apoyar a sus hijos universitarios durante la búsqueda de trabajo.

Espero que os sea de utilidad.

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Factores de riesgo (durante la estancia) de un estudiante extranjero

Más allá del conocido “choque cultural” que sufren los estudiantes que provienen de otro lugar, hay otros factores de riesgo que se dan una vez instalados, que agravan enormemente su correcta adaptación e impiden tener una buena experiencia.

Tras meses de preparación y expectativas, por fin llegan a Barcelona, pero nada es lo que parecía; en ocasiones ni siquiera hace buen tiempo y los Españoles hablan muy rápido y con un acento extraño… Aspectos que jamás imaginaron, pero que pueden ir digiriendo a medida que vayan transitando por las fases propias de shock cultural.

Sin embargo, hay otra serie de factores que suelen erosionar como la gota Malaya y acaba haciendo mella a las dos semanas o tres de su llegada. Estos tienen causas de otra índole y son consecuencia de su manera de ser o de situaciones excepcionales que sufren.

Así pues, si estudiar en el extranjero parecía una cosa sencilla, conseguir que sea una experiencia satisfactoria finalmente depende de factores previos y factores situacionales que se dan llegados al país de acogida. Entre los más relevantes:

  • No conseguir hacer un grupo de amigos en el primer mes.
  • No sentirse identificado con ningún estudiante del programa.
  • Sentirse con ansiedad, desganado, desmotivado, no querer salir del cuarto, sentirse triste… todo lo cual sin motivo aparente.
  • Sentirse sobrepasado y muy perdido.
  • Sentir profunda ansiedad e incapacidad para estar solo o sin hacer algo constantemente.
  • Que ocurra algo grave en el país de origen mientras están en Barcelona.
  • Dificultad recurrente para concentrarse en clase e incluso necesidad de salir corriendo.

Ante cualquiera de estas circunstancias vitales se recomienda pedir ayuda LO ANTES POSIBLE a un psicólogo familiarizado con este tipo de problemáticas. En la mayoría de los casos, si la intervención es al inicio, hay altísimas probabilidades de poder reconducir el problema. Afortunadamente, el ser humano tiene una gran capacidad de adaptación, y más si es con ayuda. De ahí que la mayoría de estudiantes acaben siendo capaces de cambiar la situación y transformar el infierno en una muy buena experiencia vital.

Mitos sobre la ansiedad

«Estoy ansioso, cuando me echo a dormir no puedo parar de darle vueltas a las cosas, el corazón me va a mil, parece que me quedo sin aire y voy a sufrir un paro cardíaco…».

No pocas veces nos ocurren situaciones vitales que nos sacan de nuestra zona de confort y ponen en jaque nuestros recursos propios. Es habitual pensar que uno, con la edad, lo tiene todo controlado y que la experiencia de pasar por multitud de situaciones es un antídoto ante el sufrimiento y la ansiedad. Sin embargo, es normal sentirse ansioso ante situaciones nuevas, inciertas o que sacan a la luz inseguridades propias.

La ansiedad, por sus síntomas incapacitantes, suele ser la mala de la película e ir cargada de prejuicios y tabús no siempre ciertos como:

• La ansiedad es el enemigo a combatir.

Sí y no.

Como todo sentimiento doloroso, inquietante e inexplicable, nuestra primera reacción natural es desear sacárnoslo de encima y expulsarlo. Pero muy lejos de lo que pensamos, la ansiedad es una señal de alarma muy útil que nos informa que algo no está funcionando, que están ocurriendo cosas (a veces no tanto en nuestro mundo externo, sino en el interno) que quiebran nuestro equilibrio. Es el reflejo de un conflicto interno pendiente de resolución.

• ¡ Seguro que puedo controlar la ansiedad con mis pensamientos!

Otra convicción que escucho en forma de deseo en mi consulta es «seguro que existe una manera de poder controlar la ansiedad con el pensamiento». Como si hubiese una frase mágica, un truco mental (como desviar la atención o dejar la mente en blanco) o un talismán que a modo de tirita, nos pueda evitar dicho malestar. Desafortunadamente, el control racional no siempre es capaz de combatir los conflictos de base emocional.

 

En estos casos, la mejor manera de combatir la ansiedad y prevenir futuros episodios, es encontrar su origen para así entenderlo, hacer frente a la fuente de conflicto y darle una mejor salida (aceptar lo que ocurre, tomar alguna acción concreta, etc.). Sólo afrontando el conflicto, conseguiremos eliminar la ansiedad asociada.

 

El antisueño americano: Estudiar en el extranjero

Playa, paella, toros, fiestas, alcohol… son algunos de los cantos de sirena que atraen a estudiantes americanos a la hora de escoger Barcelona como destino para completar sus estudios.

Esperan pasárselo como nunca, empezar de nuevo, crecer como personas y algunos, incluso reinventarse. «Hacerse a sí mismos», como el sueño americano.

Sin embargo, se encuentran con una realidad muy distinta: no conocen el país, la cultura, el idioma, los futuros «compañeros»… Así que en lugar del paraíso imaginado, se dan de bruces con muchas situaciones que, de por sí, son altamente estresantes. Situaciones que generan incertidumbre y sobre todo, mucha ansiedad.

Algunas de las dificultades que comparten conmigo en mi consulta privada son:

  • «Siento que no encajo. Pensaba que aquí haría nuevos amigos pero me veo diferente a ellos. Algunos salen y beben demasiado, me gustaría poder también hacer otras cosas, pero me veo arrastrado por la mayoría o me veo distinto».
  • «Llevo aquí tres semanas y cada vez me siento más nervioso y angustiado. Le doy más vueltas a la cabeza de lo que me gustaría y tengo problemas para dormir».
  • «Tengo dudas sobre si podré acabar mis estudios aquí, a veces siento ganas de volver, echo de menos a mi familia y a mi gente».
  • «Me estoy replanteando qué hacer con mi vida, pensaba que lo tenía todo muy claro pero ahora comienzo a dudar».
  • «Hace mucho que deseaba venir a Barcelona. En EEUU no estaba muy bien últimamente y creía que venir aquí iba a hacerme sentir mejor, pero veo que estoy peor».

La solución a todas estas preocupaciones dependen de cada caso y persona.

El primer paso es siempre revisar las expectativas personales y familiares asociadas a la experiencia de estudiar en el extranjero. Ahora que las conocemos podemos quitarle sobre pesos poco realistas («convertirme en una gran persona en tres meses», «llegar a ser lo que nunca fui antes», «dejar atrás mis problemas») y ajustarlas a la realidad externa e interna.

Una vez reajustadas las expectativas, el futuro se empieza a ver de otro color, uno se siente más capaz y puede relacionarse de otra manera con su entorno.

Aunque parezca imposible, estas dudas son una oportunidad para conocerse mejor, pisar más fuerte y salir más preparado de esta experiencia.